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CINE | 20/4
NATURAL ARPAJOU Y MÓNICA LAIRANA REALIZAN SU PRIMER LARGOMETRAJE
Ambas coinciden en que hay que tener una vocación muy grande para hacer cine en Argentina.
 
 

   Mónica Lairana y Natural Arpajou son dos realizadoras que se embarcaron en la filmación de su primer largometraje. Ambas son ganadoras de varios premios internacionales con sus cortometrajes y son reconocidas por la crítica especializada.

 

   Como directora, Arpajou comenzó a destacarse en el ámbito cinematográfico con el cortometraje “Ana y Mateo”. Luego fue el turno de “Lo que haría”, “Espacio personal” (en el que participó como actriz Mónica Lairana) y “Princesas”, todos ellos galardonados en varios festivales de cine. Con su proyecto llamado “Extraño”, obtuvo el premio WIP (Work in Progress) en la edición número 31 del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, con el cual suma su quinto premio que obtiene en forma consecutiva con sus producciones anteriores presentadas en ese festival. Actualmente realiza el film “El otro nombre”, protagonizada por Estéban Lamothe y Andréa Carvallo.

 

   Por su parte, Lairana ha trabajado como actriz en varias series de televisión y películas de cine. Como directora, su debut fue con el cortometraje “Rosa”, con el que compitió en el Festival de Cannes en 2010. Su segundo trabajo fue “María” que logró ganar los premios al Mejor Corto en el Festival Latinoamericano de Vancouver (Canadá), Mejor Película Latinoamericana en el 54° Zinebi (España), Mejor Corto del Año en 2013 en “La Noche del Cortometraje” organizada por el  INCAA, el premio George Méliès, como Mejor Corto del Cono Sur otorgado por la embajada de Francia, y el Cóndor de Plata como Mejor Cortometraje 2013, otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina, entre otros. Su film se llama “La cama” y es protagonizada por Sandra Sandrini y Alejo Mango.

 

   En una extensa charla con La Butaca, las directoras hablaron de sus experiencias en cine, el paso del cortometraje al largo, como influye en su vida personal la filmación y la situación actual del medio audiovisual. (Ver Fotos)

 

 

   - ¿Cómo fue la experiencia del rodaje de su primera película?

 

   Natural Arpajou: “Todavía no bajé la ansiedad del rodaje. Yo filmé varias cosas pero nunca fue tan fuerte como realizar mi primera película. Fue mucho más fuerte y no me lo esperaba. Sigue siendo algo que disfruté y fue muy lindo.

   Desde diciembre que me instalé en el sur, en El Bolsón, vine en enero por doce días y me volví a instalar en el sur. A último momento decidimos filmar todo en allá y me quedé `internada´ ahí. Fue como un desarraigo”.

 

   Mónica Lairana: “La verdad es que no recuerdo cuando empecé a filmar, ni cuando terminé. Fueron seis semanas en Buenos Aires. También me `desairragué´ y decidí mudarme a otro lugar para estar sola con mi `locura´, fuera de mi casa. Decidí dormir sola. Lo que pasa es que es tanta la energía que uno le pone a su trabajo y es tan fuerte la experiencia que uno vive en el set al hacer tu primera película, que resulta todo muy avasallante a nivel emocional. Yo sabía que la convivencia iba a ser bastante difícil y me dije: me resguardo a mí misma y a mis relaciones personales. Y la verdad que esa decisión fue la más acertada. Emocionalmente uno es un tobogán de sensaciones. En mi caso, terminaba el rodaje y me iba al lugar donde dormía a trabajar y organizar lo que se tenía que hacer al otro día. Trabajaba más de lo que una jornada requería. Si a todo eso, tenía que sumarle mi actividad personal, iba a ser algo imposible”.

 

 

- ¿Cuál fue el cambio más fuerte que sintieron al pasar de realizar de un cortometraje a un largometraje?

 

   N.A.: “Hacer un largometraje es otra cosa. Tenés un equipo más grande con otras condiciones de trabajo. En mi caso, no podía volver a mi casa por estar filmando en El Bolsón. Tenía esa sensación de nunca llegar a mi casa. Necesitaba cortar un poco y pedí una casa para mí sola, aunque quedara como una antipática. Realmente me resulto muy difícil `bajar´ de toda esa experiencia, ya sea por los momentos buenos o los malos. Para mí fue demasiado fuerte lo que viví”.

 

   - Esta decisión de estar solas ¿Era algo que hacían cuando filmaban un cortometraje?

 

   N.A.: “Cuando hacía los cortos yo me iba a tomar cerveza con el equipo, era algo diferente. Con el largo tenía una necesidad de calmarme o bajar la ansiedad, de volver a ser yo misma por un rato. Igual creo que nunca pude ser yo misma durante el rodaje. Siento que fui un ser humano que participó de un rodaje, tratando de entender lo que estaba pasando”.

 

   M.L.: “Me parece que como en los cortometrajes el trabajo es menos extenso es mucho más fácil llevar a cabo las cosas. Un corto te lleva tres días y ahora en cinco semanas uno tiene que sostener a un equipo para que lleve el rumbo que uno quiere. Todo esto demanda una energía que no es la misma que en un cortometraje. El largo te lleva cinco semanas y te ves doce horas por día con el equipo. El stress que podés sufrir como directora también lo padece y sufre el asistente de dirección, los actores, etc.

   El nivel de exigencia y seguridad está en todas las áreas. Hay días en que tu fotógrafo está más obsesivo con algo y así puede suceder con otro integrante del equipo. Todos estamos con un nivel muy elevado de energía. También influye el clima, en mi caso el calor, en el de Natural, el frío. Digo esto porque el clima también suma a la manera en que uno pueda estar.”

 

 

   - En esta elección de aislarse que tuvieron ambas, ¿Hubo algún momento en que sintieron la necesidad de contactarse con algún familiar o amigo?

 

   N.A.: “En mi caso sí. Uno lleva mucho tiempo fuera. Imagínense cuando todo un equipo se traslada a otra provincia que no es tu lugar. Yo había vivido en el sur pero igual sentía que no era mi casa y me imagino lo difícil que habrá sido para los que sentían que no era su casa. En un principio decía: ¡qué lindo el arbolito!, pero después eso no te interesa. Y todo eso se potencia porque vivís 24 horas con el equipo. Necesitas que todos estén contentos y para mí fue muy difícil hacer eso. Estaba en un estado complejo a nivel personal y realmente me costó mucho. Hay que tratar de sostener eso como director. No es solamente con ser un creativo. Hay que tratar que todos entiendan lo que querés hacer.

   No le tenía miedo a si una locación estaba errada o si fallaba algún actor, tenía más miedo a esa presión de la que Mónica hablaba con respecto a la convivencia y hasta con uno mismo. Al estar lejos de casa, por momentos sentí la necesidad de hablar con alguien y llamaba a alguien una vez por semana. Estábamos en un lugar que había poca y nada de señal de celular y cuando existía la posibilidad de usar el teléfono, lo hacía. Era muy difícil explicarles lo que a una le pasaba pero te enviaban un `te quiero´ y está bueno escuchar al de `afuera´. El equipo se iba a Bariloche para desconectarse y yo me quedaba en mi cabaña. Ahora pienso que tendría que haber hecho lo mismo como para desconectarme un poco”.

   “Cuando hago cortos me rodeo de amigos y en el largo no conocía a la mayoría del equipo. A la persona que conocía fue al director de fotografía, Pablo Parra, que me tuvo una paciencia increíble. Eso de no conocer a la mayoría de la gente creo que a mí me encerró aún más. No me logré abrir. El equipo era genial y no sé cómo me aguantaron”.  

 

   M.L.: “En mi caso no sentí la necesidad de llamar a alguien. La experiencia del primer día en el set fue de mucho miedo y pánico. Era algo que no me lo esperaba. Estaba muerta de miedo y llegué media hora tarde. Todo el mundo me esperaba y llegué literalmente desmayada. Pero ese día pasó y a partir de ahí fue todo muy bien. Yo tenía un equipo de amigos y de a poco el rodaje fue convirtiéndose en una fiesta. Nos divertíamos y yo disfruté el rodaje. Salvo ese primer día que me desperté muerta de miedo, recuerdo el rodaje como una fiesta.

   “A diferencia de Natural, yo conocía a todos, menos a dos personas. Tuve el mismo equipo con el que habitualmente hago los cortos.

   Es muy difícil hacer cine a la Argentina. Tenés que tener una vocación muy grande. Filmar un largometraje en cuatro semanas es casi una aventura camino a la tortura. Como que nunca te alcanza el tiempo. No estaba planeado filmar en seis semanas y si hay algo que pensé cuando me agregaron días de rodaje porque gané un premio en la mitad de la realización, es que lo complejo que yo estaba viviendo le sucede a otros directores”.

 

   N. A.: “Coincido totalmente con lo que dice Moni sobre lo difícil que es hacer cine en la Argentina”.

 

 

- ¿Cuál fue el punto de partida que las decidió a hacer un largometraje?

 

   M.L.: “Yo tengo una cosa como muy pragmática. Hace unos años me dije: se vienen las elecciones y tenía en claro que podía haber un cambio de gobierno. No sabía la política cultural y general que podría venir y en aquel tiempo existía la posibilidad de hacer una ópera prima. Me dije: tengo que lanzarme a hacer mi proyecto ahora, y como no sabía si lo que venía era para bien, eso me impulsó a decidir que tenía que ponerme a trabajar en un largometraje.

   En primera instancia el proyecto de largometraje no era este. Era un film que se llama `Amazonas´ con el cual participé en un taller de desarrollo de proyectos. La primera conclusión fue que era algo inabarcable como para hacer una primera película. Volví de ese taller sin un proyecto y me dije: tengo que pensar otra cosa. En ese instante me separé. Esa instancia dolorosa me hizo escribir y terminé desarrollando el guión, con dos personajes, ciento por ciento en la línea de lo que yo venía a haciendo”.

 

   N.A.: “Yo tuve un proceso personal y forma parte de mi película. Creo, al igual que Mónica, que uno debe contar algo que te movilice, que te importe, sea sobre violencia, sexualidad, amor, identidad o lo que se quiera contar. Te tiene que llegar de alguna manera, tiene que hacerte temblar en alguna parte, para bien o para mal. Podés hablar del amor maravilloso, pero no del lado que desconocés. Yo siempre hago dramas, donde el público se ríe de lo que le pasa a mis personajes aunque sean hechos dramáticos. Son historias con mucho dolor pero la gente se ríe. Cuando presenté `Ana y Mateo´ no entendía por qué la gente se reía. Hasta que acepté que contaba cosas en ese drama que hacían reír. Yo creo que en `El otro nombre´ va a haber muchos de esos momentos pero la gente va a llorar.

Yo también tenía una historia escrita y era una película compleja porque sucedía en cuatro países, en cinco épocas diferentes… era un divague. Gané bastantes premios pero era algo difícil de llevar adelante. Lo reescribí después de haber trabajado con varios productores que me decían que era algo hermoso pero para hacerlo en mi quinta película. Era algo inviable para una ópera prima. En el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata gané con `Espacio personal´, corto en el que actúa Mónica y me llamaron varios productores para hacer un largometraje. Me acerco al productor Alejandro Israel, le muestro ésta historia y decido trabajar con él. Volví a retocar el guión antes de presentarlo al INCAA, y terminé haciendo este largo. Igual en el medio seguí haciendo un cortometraje y un largo independiente. Es la necesidad de filmar”.

 

 

- ¿Cómo surge la historia que cuentan en su película?

 

   N.A.: “El guión lo había realizado hace muchos años. La película empezó como algo autobiográfico pero luego fue mutando a la ficción. Igual contiene algo de mi vida y tiene cosas que son calcadas de la realidad. La historia fue mutando y me acuerdo mucho cuando una amiga nos dijo que Lairana y yo íbamos a hacer la misma película pero la mía iba a ser más comedia que drama. Y en definitiva terminó siendo algo más dramático y honesto. También tuve que sacar escenas y las eliminé sin dolor alguno. Me hubiera gustado tener más días de rodaje para poder hacerlas”.

 

   M.L.: “El punto de partida de la historia fue claramente mi separación con mi pareja. Nunca había experimentado un dolor tan profundo. A partir de eso surge la necesidad de hablar de una ruptura amorosa y de lo que puede llegar a hacer una separación. De ahí la historia empieza a crecer y a desarrollarse. Lo ficcional de esta pareja es que tienen 65 y 73 años. Cada vez estoy más convencida de que la posibilidad de hacer películas más autenticas es hablar desde algo personal. Creo que hay gente que tiene la posibilidad de hablar de lo que investiga. Yo, por ahora, siento que puedo conectar con lo que transitó mi cuerpo. No es exactamente eso pero si con el dolor. En definitiva la historia surge de experimentar el dolor y entender lo fundamental que es la vida afectiva en las personas. En mi película los personajes tienen un vínculo de más de 30 años. Y no me quiero imaginar lo que debe ser afrontar una separación después de tanto tiempo si yo sufrí tanto con la mía”.

 

 

   - Cuenten con sus palabras el argumento de sus películas.

 

   M.L.: “Mi película narra las últimas 24 horas de una pareja adulta antes de separarse. Esto ocurre en el interior de la casa familiar de toda la vida, mientras la desarman y embalan las cosas. Todo pasa horas antes de que llegue el flete de la mudanza…”

 

   N.A.: “Me duele la sinopsis…” (Risas)

 

   M.L.: “De todas maneras, la película tiene mucho humor y es muy simple”.

 

   N.A.: “Mi película narra la historia de una nena que intuye que hay algún secreto en su familia y ésta pretende que la pequeña viva de manera diferente, que rompa con la sociedad, lo que puede ser algo muy confuso para la mirada de una niña.

   Al mismo tiempo, ella trata de descubrir ese secreto para que la familia finalmente sea un poco más libre y pueda seguir adelante con esa vida tan compleja que desean llevar”.

 

 

   - ¿Cómo eligieron a sus protagonistas?

 

   N.A.: “A Andrea Carballo la conocí en mi cortometraje `Lo que haría´ y quería volver a trabajar con ella. Después hicimos muchos castings para buscar a la nena, en Buenos Aires y en la Comarca Andina Paralelo 42 donde vimos a más de 300 nenas. Buscamos a otros adultos en la Patagonia y en un momento hablando de los actores que podían hacer de la pareja de Andrea, barajamos el nombre de Esteban Lamothe. L acercamos el proyecto y él se sumó. También hay algunos actores que son de Buenos Aires como Marina Glezer, Bimbo Godoy y Andrea Esteban y el resto son de allá. Era muy importante que el elenco fuera de esa manera. Esta historia tiene un anclaje en mí y tenía que ser este grupo el que formara parte de la película. Me gusto mucho como se amalgamaron Andrea y Esteban. Yo les creo que son esas personas que describo en mi película.

   La niña que quedó elegida, Huenú Paz Paredes, tiene ochos años y es una genia total. Tiene una magia y una fuerza increíble. Estoy muy contenta con los actores que elegí y con la entrega que brindaron. Los dos son muy guapos y les dijimos que no los íbamos a embellecer y los dos se brindaron por completo a sus personajes”.

 

   M.L.: “Yo me tomé mucho tiempo para realizar el casting. Cuando uno elige una pareja es complicado. Tienen que ser creíbles al verlos juntos. Entonces me pasaba que encontraba una actriz que me encantaba pero no le encontraba al compañero y viceversa. Tenía que ver las edades, los cuerpos. Natural, en un momento también me ayudó y me enviaba actores. Pero realmente me costó mucho. Creo que lo más crítico en mi película fue tomar esa decisión. Si hubiera sido la elección de casting para otro film hubiera sido más fácil. Pero en un film en donde solamente tenés a dos personajes, un error de casting te arruina toda la película. La verdad es que estoy más que feliz con los actores que elegí y están increíbles en la película que era tan compleja. Imágenes de desnudos, exposición del cuerpo y encontrar actores que además de ser buenos estuvieran dispuestos a lo que yo pedía, eso es muy bueno. Sandra Sandrini y Alejo Mango están increíbles. Pero me costó mucho encontrarlos”.

 

 

   - Ambas obtuvieron varios premios con sus cortometrajes. ¿Sienten una presión extra para que el largometraje guste al igual que sus trabajos anteriores?

 

   M.L.: “A mí nunca  se me cruzó la idea de que mi largometraje tiene que gustar por lo anterior. Por ejemplo, yo hago un garabato,  me decís que está feo y la verdad no me interesa. Yo estoy feliz y estoy con una sonrisa grande porque para mí es una obra maestra. Nunca pongo mi satisfacción en la mirada del otro. Ahora estoy en el proceso del montaje y hay cosas que veo que no me gustan y no me alivia que alguien me diga que eso está bien, porque a mí no me sirve que le guste al otro. Yo necesito que a mí me guste. Eso me salva de no estar apoyándome en la aprobación del otro. Después si eso a otra persona le parece valioso, es genial. Pero no sufriría decepción si me dicen que es malo”.

 

   N.A.: “A mí, haber ganado antes no me genera para nada presión. Yo lo que quería es que mi familia se sintiera orgullosa de mí pero no por la película que haga, sino por hacer una película. Por supuesto es muy placentero recibir premios y me permite hoy hacer este film. En realidad me tiene que gustar a mí y va a haber a mucha gente que le guste y que no. Es muy placentero que al otro le guste, sobre todo cuando la historia tiene algo personal. Tenés que hacer la película que a vos te guste. La única presión que sentí es de los amigos, de la familia, como para que digan que la piba hizo algo”.

 

 

   - ¿Qué esperan de la crítica cinematográfica?

 

   M.L: “Yo disfruto como espectadora la autenticidad de la obra que veo. Si es fallida pero auténtica, me voy feliz de la sala. A una obra no auténtica que pretende convencer a todos, se le nota que no hay un autor que defienda una idea. Seré feliz si es la película que quería hacer. Si después la crítica considera que tiene valor o que falló no es algo que me tiene preocupada. De todas maneras una no está preparada para que la ofendan, pero para que no le guste sí. A mí me ha pasado con los cortometrajes, no con la crítica, sí con otros realizadores que tuvieron posiciones muy duras. Pero en algún punto es subjetividad pura. Creo que lo más sano es no pasar lo afectivo por ahí. Hay muchos en este medio que intentan imitar a otros buscando ese objetivo y no lo logran, y quedan a mitad de camino”.

 

   N.A.: “Yo estoy de acuerdo con ser auténtica. Si sale algo auténtico, no creo que algo falle. Si logró trasmitir lo que quería está acertado. A mí me han dicho `este corto no se parece al anterior´ y la verdad no sé qué es lo que la crítica puede esperar de uno. Los críticos son personas como una y a algunos les gustará y a otros no. Uno sabe que a mucha gente no le va a gustar. Así como una persona no le cae bien a todo el mundo, a otros sí”.

 

 

   - Hay directores que se enojan y les mandan mensajes a los críticos manifestando ese enojo…

 

   M.L: “Yo creo que nadie está preparado para que lo ofendan. Quizás algunas críticas puedan ser algo ofensivas y entiendo que desde el dolor se decida confrontar al crítico. Creo que esos casos ocurren cuando hay una ofensa. Yo por suerte no tuve ese problema con los cortometrajes que dirigí. Sí me pasó como actriz que una vez un crítico escribió algo que hablaba de mí en forma muy despectiva. En un primer momento pensé en hacer algo pero al final no hice nada. Pero creo que no debería permitir que ocurriera ese maltrato. No voy a ser exacta pero era algo así como `y ese personajes que falla interpretado por esa tal Lairana…´, y para mí pasó el límite. Son momentos en que te das cuenta que no está adjetivando tu trabajo sino a la persona. Está siendo ofensivo, maltratador, maleducado e irrespetuoso con la persona. Quizás algunos directores sintieron lo mismo con algunas críticas”.

 

   N.A.: “Uno le pone mucho trabajo a lo que hace y es muy difícil hacer una peli, a nivel dinero, tiempo, emocional. No importa que no sea tu historia pero igual le pones tú alma. En mi caso siempre estoy poniendo un poquito de mí en las historias que muestro. Aunque no me dé cuenta, siempre estoy rondando en un mismo tema…”

 

   M.L: “A mí me dijeron lo mismo. Vos seguís hablando de tal cosa…”

 

   N.A.: “Quizás sea porque una pone siempre algo de sí misma. Pero cuando te ofenden es doloroso. Si alguien te dice que es bueno, es como un mimo. En mi caso hablo de ciertas heridas y somos muchos de los que hablamos de las partes más sensibles o de momentos de nuestras vidas en especial. Y si alguien te dice `que porquería que hiciste´ te duele más. De todos modos no podés gustarle a todo el mundo”.

 

 

   - ¿En qué etapa están con sus largometrajes y que rumbo va a tomar?

 

   N.A.: “Yo estoy recién llegada a Buenos Aires y desarmando la valijas. Miré algo con unos amigos y ahora paré un poco. Estoy muy relajada planeando el montaje. Todo lo voy a retomar en unos días”.

 

   M.L.: “Tengo planeada la finalización para octubre y estoy en etapa de montaje con Eduardo Serrano. Tengo todo planeado porque también soy productora del film”.

   “Primero hay que terminar la película para saber que film tenemos. Con la película terminada podemos decidir para que lado ir”.

 

 

   - ¿Qué piensan sobre lo que ocurrió en el INCAA?

 

   M.L. “No sé qué decirte. Es una situación incierta y angustiante. Por muchas razones, no sólo por la forma en que ocurrieron las cosas, sino por los que tenemos una producción en proceso. Esto genera una incertidumbre y una angustia de no saber lo que va a pasar. Lo más grave que escuche que no sé si es una realidad, es que se tiene que tratar una nueva Ley de la cual se desprendería a dónde van los impuestos que se recaudan con el cable. No lo tengo muy claro. La cuestión es el Fondo de Fomento del Instituto, lo que sería la entrada dinero del INCAA. Pero todo esto es de oído. No sé si es así.

   Si algo nos diferenciaba del resto de Latinoamérica era el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. En otro lado, sos un director lleno de ilusiones y dónde vas a golpear una puerta para decir que querés hacer una película. No hay nadie que te financie. Hace poco que otros países tienen un lugar donde poder ir y concretar la idea de hacer un film. Cuando viajabas al exterior y comentabas lo del INCAA te miraban extrañados y asombrados. Era como algo maravilloso. Si realmente eso está en juego, estamos en un momento de preocuparnos bastante. Estaríamos hablando de que la posibilidad de filmar se reduciría bastante. Hay muchas dudas e incertidumbre y un malestar generalizado por la forma tan desagradable en que ocurrieron las cosas.

   Cuando hablamos de esto también nos referimos a fuentes de trabajo. Yo vivo de la actuación, no de hacer televisión, sino de cine. Y cuando hablamos de una posible reducción estamos hablando de lo que ocurre en otros ámbitos también”.

 

   N.A.: “Yo coincido con todo lo que expresa Lairana. Esto genera mucha angustia. No estoy muy informada al respecto pero lo que aflora es lo que dice Mónica. La verdad es que somos un país que a nivel cinematográfico, no solo el INCAA, también la ENERC, son una maravilla. En la escuela hay unas islas de edición increíbles y tenés la posibilidad de formarte. No obstante teniendo esas posibilidades es difícil ser cineasta. Si está en riesgo lo que se dice, da mucha angustia por todo el movimiento del cine. Todas las obras artísticas son un espejo de nosotros y es un medio que nos permite expresar como sociedad. Si eso va en retroceso es algo muy dañino. Es algo preocupante. Esperemos que todo se acomode”.

 

 

   - ¿Cómo definiría cada una a la otra?

 

   M.L.: “En primer lugar me gustaría decir que estoy muy feliz de que Natural filme, porque compartimos muchas cosas con los cortometrajes y veo que hicimos como un proceso similar de años y años para concretar nuestro largometraje. Yo sé algunas cosas `off the record´ sobre este proyecto y me parece hermoso que haya podido concretarlo. Y para definirla a Natu tendría que hablar como de energía, como un huracán. Es como un cúmulo de ganas de hacer cosas, muy impulsiva. Yo además la tuve como directora y la definiría como una energía que va para adelante y me identifico con eso. Estoy inmensamente feliz de que haya concretado este proyecto.

   Pero estoy enojada porque le cambió el nombre a la película que se tendría que llamar `Natural´” (Risas)

 

   N.A.: “Yo estoy muy contenta de que Moni haya podido filmar un largometraje. Siento que somos muy diferentes y parecidas en algunos aspectos. Cuando ella hablaba pensaba: yo me voy que diga todo ella total somos muy parecidas. Somos mujeres que compartimos una sensibilidad en algún punto, parecida, en como ver el cine, como transitarlo. Es como el demonio de Tasmania pero más tranquila. Igual creo que no es tan tranquila, yo la dirigí y éramos como dos intensidades muy fuertes. (Risas).

   Estoy muy contenta porque en todo lo que dijo me sentí muy identificada en cuanto al equipo, a como encara una peli y hasta desde dónde se crea el deseo de hacer una película. Yo veo que tenemos más similitudes que diferencia en cuanto a nuestros trabajos, si bien nuestro cine es bastante diferente. Me pone muy contenta que seamos realizadoras mujeres en la Argentina y a pesar de todo, inclusive de nosotras mismas. Y me parecería muy divertido que podamos estrenar en el mismo festival. Moni es una persona que conozco desde hace mucho tiempo y te vas queriendo y la aplaudo por todo lo que hizo”.

 

   M.L.: “Hay una cosa que pasa con el ámbito audiovisual que creo que tiene que ver con que cuando se trabaja, comprende la dificultad y el esfuerzo que requiere. La competencia se retira del camino. Cuando te enterás de que alguien está filmando te ponés contenta”.

 

 

HERNÁN OBREGÓN - hobregon@labutaca.com.ar | @herobre

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